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       Mi viaje a través del arte comenzó en 1998 como una manera de expresar la separación cultural que sentí después de mi llegada a los Estados Unidos. El vocabulario de mi trabajo está basado en una variedad de fuentes, incluyendo la experiencia del inmigrante, la cultura latinoamericana y, sobre todo, la fe. Cada obra se convierte en un descubrimiento, centrado en la temática de fronteras y herencias culturales.
       
La acumulación de fuentes visuales me permitió mapear un territorio de auto-conocimiento, de memoria y política. A lo largo del tiempo esto se desarrolló en una forma explícita de devoración. Como artista brasileña y latina siento que mi meta es no seguir métodos tradicionales de prácticas artísticas, sino crear algo diferente y adquirir nueva información procedente de diferentes partes del mundo. Considero este proceso de devorar  como una manera de reinventarse a sí mismo. Reinventarse es también adaptarse a lo ajeno y a lo que incomoda. Esta mezcla proporciona una manera de hacer algo único y abierto, usando como material cualidades estéticas locales. Esta postura que llamo ‘estética’ es una actitud que viene del barroco. Para mí el barroco es un intento de reflejar formas naturalistas para institucionalizar nuestro comportamiento lingüístico. A largo de los años el barroco demostró ser un mecanismo incapaz de reproducir la realidad de lo cotidiano con precisión, resultando en un agotamiento de  imágenes, que lucen fragmentadas y retorcidas llegando entonces al caos social.
      El número de instalaciones que he producido pretende eliminar la barrera entre el individuo y el objeto. La raíz de este trabajo radica en el híbrido, y la intención es crear una fusión de funciones designadas  para servir  un solo propósito. Este trabajo es como una esponja que absorbe todo lo que satura y se acumula en la vida diaria. El objetivo es convertirlo en un organismo vivo en el espacio, o de que simplemente exista y abra una puerta para involucrar al público en narrativas múltiples. Es una oportunidad para tener una conversación sobre el arte independientemente de la trayectoria del creador, y aunque las historias del creador existen, ya no pertenecen a él, sino que se comparten y se transforman con el público. Soy consciente que mi naturaleza obsesiva de acumular y mi falta de recursos pueden ser una limitación. Pero me parece que esta limitación puede servir como una apertura de diálogo sobre la búsqueda humana de conquistar algo que está más allá de su propia existencia.
     Vivimos en un mundo de ansiedad y tensión entre orden y desorden, y es aquí donde quiero situar el trabajo. Las imágenes de organismos imaginarios, la lucha contra sus propios esfuerzos para lograr el orden y la belleza, entre las dimensiones, tiene que salirse de control y comprensión. Es un mapa que no propone un destino claro, y al mismo tiempo abre interrogantes acerca de quién somos y hacia dónde vamos. Mi objetivo no es lograr algo o imponer un concepto; lo que quiero es examinar, junto con el espectador, las espesuras de recuerdos personales que existen al lado de las evidencias históricas. Soy más una persona que lucha todo los días para encontrar una marca en un mundo donde la historia está viva, donde lo real y lo irreal, lo  abstracto y lo visceral, lo vacío y lo lleno, están reunidos en un constante juego de posibilidades.



© 2010 Ingrid de Aguiar Sanchez